La fila también tiene un precio
La fila también tiene un precio
En clase suelo preguntar cuánto cuesta realmente pagar en una tienda de barrio. La respuesta inicial casi siempre es el precio del producto, pero hay otros costos: esperar, desplazarse, buscar efectivo o resolver una transferencia que no llega. No aparecen en la etiqueta, aunque influyen en la decisión de compra.
Un ejemplo cotidiano Si una tienda acepta pagos digitales, puede atender a alguien que no lleva efectivo. Eso amplía sus ventas potenciales, pero también trae comisiones, fallas de conexión y tiempo para confirmar cada operación. Aceptar todos los medios de pago no es automáticamente mejor: depende de cuántas ventas adicionales compensen esos costos.
La pregunta útil Por eso me parece más interesante preguntar qué fricción está tratando de reducir cada negocio. Una fila larga puede indicar mucha demanda, pero también un proceso lento. Un descuento puede atraer clientes, aunque obligue a trabajar más por cada venta. El mecanismo importa antes de emitir el juicio moral sobre quien compra o quien vende.