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Cómo puede Santiago usar tecnología para cuidar el agua

Una ciudad inteligente también debe saber cuándo no intervenir

La Smart City Expo Santiago 2026 reunió más de 200 soluciones tecnológicas en la Estación Mapocho, entre ellas sistemas de gestión inteligente del agua, monitoreo en tiempo real, integración de datos urbanos e inteligencia artificial. La escala del catálogo impresiona, pero para Santiago la pregunta importante no es cuánta tecnología podemos instalar. Es qué decisiones puede mejorar de manera verificable.

El agua no se gestiona desde una sola pantalla Una ciudad puede medir el caudal de un canal, la presión de una red, la humedad del suelo o el consumo de un barrio. También puede combinar esas señales con pronósticos meteorológicos y mapas de infraestructura. Ese conjunto permite detectar fugas antes, anticipar restricciones y priorizar reparaciones.

Pero los datos no eliminan la incertidumbre. En una cuenca mediterránea como la de Santiago, el mismo pronóstico de lluvia puede tener efectos muy distintos según la temperatura, la cota de nieve, el estado del suelo y la capacidad de los embalses. Un tablero que muestra muchas variables no necesariamente produce una mejor decisión. Puede producir solamente una ilusión de control.

La adaptación se juega en decisiones pequeñas El valor de estas herramientas aparece cuando conectan información con responsabilidades concretas. Por ejemplo: decidir qué sectores deben revisar sus redes primero, cuándo reducir el riego de áreas verdes, dónde instalar sensores de nivel o cómo informar a una comunidad sobre una restricción sin esperar a que la situación sea crítica.

Para eso hacen falta series de datos largas y comparables. Un sensor que comenzó a funcionar hace tres meses puede ser útil para operar hoy, pero no basta para establecer una tendencia climática. Tampoco una predicción automatizada debería reemplazar el conocimiento de quienes mantienen canales, plantas de tratamiento y redes de distribución. La tecnología debe ampliar esa experiencia, no esconderla detrás de una interfaz.

Qué debería exigirse a una solución tecnológica Primero, una métrica clara: menos agua perdida, una alerta más temprana, una reparación más rápida o una distribución más justa. Segundo, continuidad presupuestaria. Muchos proyectos funcionan durante una demostración y se debilitan cuando termina el financiamiento inicial. Tercero, transparencia: saber qué datos se usan, con qué resolución y qué margen de error tiene una recomendación.

También importa quién queda fuera del sistema. La seguridad hídrica no consiste únicamente en optimizar tuberías. Incluye comunas con distinta capacidad técnica, hogares que enfrentan cortes de manera desigual y ecosistemas que también dependen del agua disponible.

Tecnología con memoria climática El interés de Smart City Expo Santiago 2026 está en haber puesto estos instrumentos dentro de una conversación urbana más amplia. Para que esa conversación sea útil, Santiago necesita sistemas que recuerden los años secos, comparen escenarios y hagan visibles sus límites.

Una ciudad inteligente no es la que interviene en todo en tiempo real. Es la que sabe qué observar, cuándo actuar y cuándo admitir que todavía faltan datos.

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